Que me apasione viajar no es ninguna novedad. Necesito viajar periódicamente. No soy nómada ni voy de “ciudadana del mundo” -pues todos lo somos. El cambio de paradigma que supone el covid19 nos limita geográficamente bastante. Sin embargo no acaba con nuestras pasiones. Pero como a tantas personas que les encanta viajar y descubrir constantemente de lugares, para mí los viajes son  vitaminas. Y en cualquier actividad, la compañía es muy importante para que el “proyecto de viaje” sea lo más satisfactorio posible. Ya viajes a solas -contigo mismo- o acompañados. En otra ocasión daba consejos prácticos basados en mi experiencia-  tips para viajar solas. . Pero ahora quiero hablar de la experiencia en sí de viajar contigo mism@: El placer de viajar a solas.

He viajado sola por elección – de vacaciones, de voluntariados y también por motivos laborales. Cada vez que le digo a alguien que “me voy de viaje a ….”  Si les digo que me voy sola, casi siempre escucho  “¡¿Sola?!, Vaya, o qué miedo, o ¿no te aburres?…” Y yo pienso: ¡Pero sí me lo paso pipa conmigo misma! Y así es- Por cierto, soy más de maleta/bolso que de mochila…

VIAJAR A SOLAS- IRLANDA
La contemplación de un paisaje en soledad se intensifica

Cuando viajas acompañada conversas con tu compañero o compañera. Cuando viajas a solas hablas contigo mism@, o mejor dicho.., escuchas a tu yo interior. Porque reflexionas. A mí me resulta siempre inspirador, pues el tiempo que paso conmigo misma viajando y descubriendo hacen aflorar mi creatividad. Me sirve para aclarar mis ideas, despertar mis sueños, trazar objetivos. También me sirven para  recordar aspectos de mi personalidad desde mi infancia, y reafirmarme.

Viajar sola o sólo, es hacer viajes de autoconocimiento. Cuando viajamos acompañados desde el origen, conversamos con nuestro acompañante, nos reímos, e incluso discutimos. Cuando viajas contigo mismo, es algo parecido: llevas tus expectativas, piensas y te dices lo que quieres hacer, y buscas las soluciones e iniciativas a cada día para sacar la mejor experiencia de tu viaje. Principalmente al viajar hago un ejercicio de agradecimiento continuo, …cuando admiro los monumentos que me encuentro,  cuando visito lugares que soñaba con descubrir, disfruto de mi tiempo empleado en lo que he escogido. Egocéntricamente puedo diseñar mi plan de viaje 100% mi manera y hacemos y vemos lo que yo deseo.

Si se trata de lugares especialmente soñados, para mí hay algo místico. En mi viaje al Círculo Polar, hablaba de esta sensación mágica- aquí viajaba acompañada- . Justamente antes de la pandemia covid19 viajé a Irlanda, 20 años después de mi primer viaje a este país. Y afloraron todas estas sensaciones de las que hablo. Por entonces, regresé de Irlanda con mucha ilusión y con un destino en la cabeza que quedó entonces pendiente, visitar los Cliffs of Moher. Unos espectaculares acantilados en la costa del Condado de Clare. En esta segunda vez, dos décadas después ¡iba de cabeza para allá, y sola!

VIAJAR A SOLAS- IRLANDA
Cliffs of Moher, Condado de Clare, Irlanda.

Me empapé de la visión, respirando, admirando. Reflexionando. Caminando mucho, recorrí todo el acantilado. Caminos que llevan al alma. Caminos que llegan al alma. Llegan a tu alma. Al observar la naturaleza y ser consciente del momento, hice mindfulness, por el placer de viajar contigo misma, de contemplar y admirar la belleza del lugar. Y liberé endorfinas de felicidad. Por supuesto cuando viajo trato siempre de desmarcarme de las masas turísticas aunque a veces es difícil sortear el turismo masivo. Pero caminé, caminé y caminé…hasta encontrar mis momentos a solas para escuchar los sonidos, asomarme a las vistas que brinda el paisaje, y abrir las puertas al alma. 

La observación de los impresionantes acantilados con el sonido de las gaviotas y del mar…es algo

VIAJAR A SOLAS- IRLANDA
Viajar a solas por elección también es un placer.

simple y maravilloso. Y sucedió que me comenzó a llegar inspiración continua, …me pasó algo así como lo que debieron sentir los apóstoles en Pentecostés. De repente brotaban ideas y reflexiones en mi cabeza sin parar. Algo muy especial, una forma intensa de sentir la belleza, un sentido de arte, de poema, de tratar de verbalizar el bienestar y la admiración del momento. Creo que tiene que ver con el síndrome de Stendhal pero sin palpitaciones.

Fue un viaje especial, no sólo por el lugar, pues cómo dije una vez en un blog de coaching no hace falta irse a la otra parte del planeta para “descubrir”. Resultó singular este viaje por rencontrarme conmigo misma 20 años después. Recordé muchas anécdotas y cómo era yo años atrás cuando visité el país. Y me divirtió recordarlo y reafirmarme en que no he cambiado demasiado. Un placer el conocerte, un placer volver a encontrarnos: el placer de viajar a solas contigo.

 

Pilar

STYLE 4 LIFE

 

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