El día 7 marzo tuvimos la ocasión de disfrutar del estreno de la ópera Aida la gran obra de Giuseppe Verdi , en el majestuoso Teatro Real de Madrid, una temporada muy especial ya que celebra su doble aniversario, bicentenario de su creación y 20 años desde su reapertura en 1997.

Este acto ha sido patrocinado por ENDESA, uno de los patrocinadores principales del Teatro Real.

En el Foyer, salón de bienvenida, pudimos reconocer varias personalidades como Carmen Posadas o Ana Botella, todas ellas  elegantemente vestidas como recomienda el protocolo.

Una vez dentro de la sala principal, nos deleitamos escuchando la obertura y admirando el maravilloso telón plateado con grabados de jeroglíficos egipcios.

La función comenzó realizando una dedicatoria al recientemente fallecido maestro Jesús López Cobos, director musical de esta institución entre 2003 y 2010 y que fue una de las grandes figuras del panorama musical internacional.

La opera Aida  traslada al espectador miles de años atrás al antiguo Egipto– en el Teatro Real-  y al ataque perpetrado por Etiopía. Luchas de poder, dioses y sacerdotes crean una atmósfera dramática en la que nace un amor clandestino. Y posteriormente un trío amoroso donde los verdaderos amantes son desdichados. El dilema de ser fiel a la patria o ser fiel al corazón tiene consecuencias nefastas. La carga emocional de la obra tiene momentos álgidos como el dolor que manifiesta Amneris en el juicio a Radamés siendo condenado por los sacerdotes.

Aída
Sintiendo AIDA

La obra cuenta con una presumible escenografía, sintiendo en ocasiones el realismo de su ambientación, las piedras, monumentos, templos, pirámides. Un vestuario abundante en colores y telas, y con una sutil semidesnudez de los esclavos.

El conjunto de voces, soprano, mezzosoprano, tenor, bajo, coro y orquesta deleitaron nuestros oídos, provocando aplausos inesperados durante toda la representación. Destacable también es el momento en que la orquesta nos armoniza con La Marcha Triunfal. La función no podía terminar de otra manera que con un prolongado y merecido aplauso.

 

Lucía Martínez

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