Podría decirse que desde que me independicé, comencé a interesarme mucho por todo lo relativo al interiorismo y la decoración. Elegí todos y cada uno de los detalles y muebles de mi primera casa. Muchos de ellos estaban ya pre-elegidos por mí en viajes por el mundo– siempre me ha gustado traer algún recuerdo bonito y versátil. Comencé a coleccionarlos incluso antes de tener una casa! He de decir que a veces no me resultó nada fácil encontrar donde acomodarlos…

Lo mismo me sucede con los escaparates de muebles o interiorismo. Me paro siempre, y escudriño hasta el último detalle. Colecciono revistas de decoración de varios años, aunque mi horizonte temporal es 5-6 años. Las tendencias no cambian tan rápidamente y hay piezas “must” cual fondo de armario (¿fondo de hogar?) que combinan o encajan en cualquier atmósfera. En todo caso soy bastante ecléctica, no me gusta encasillarme o limitarme en un único estilo.

Mi idea de espacio ideal es un lugar que siendo contemporáneo mantiene un espíritu tradicional en los pequeños detalles, y que convive con las tendencias de la década de turno. Entre mis muchos defectos está el de acumular muchas cosas y difícilmente desprenderme de ellas- ojo, ¡cosas bonitas, nada de Diógenes! -Trato de ubicarlas donde mejor encajen, al mismo tiempo que le doy a cada cosa un sitio con protagonismo evitando montones caóticosEsto último es lo más difícil de evitar cuando vives una casa, y no solamente la tienes de exposición.

Lo curioso es que mi “olfato” por capturar cosas, algo de intuición ha demostrado tener. Y años después de rescatar alguna pieza de un triste destino hacia la basura o de convertirse en leña, he podido otorgarles un protagonismo estelar a las mismas piezas viviendo un segundo uso, como por ejemplo una antigua galería de ventanas de madera de la casa de mis abuelos, es ahora una rústica estantería de cocina.

Pilar Elez

S4L

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